lunes, 25 de agosto de 2014

Consultores especializados en pymes

Consultores especializados en pymes


2011-08-02 

Consultores especializados en Pymes 

Hoy, cada vez más Pymes deciden consultar a un asesor para alcanzar objetivos y solucionar falencias. "Se toma una decisión correcta al incorporar, al menos momentáneamente, una palabra especializada que guíe hacia la solución de un problema o acompañe a alcanzar un desarrollo o crecimiento", asegura Gabriel Gallo, socio director de Tips, consultora que trabaja sobre problemáticas comerciales y de marketing. La consultoría tiene como principal objetivo asesorar al empresario, asistirlo en sus decisiones, sobre todo frente a crisis de crecimiento o períodos de "vacas flacas", a través de la implementación de herramientas y prácticas de gestión. En el país, existen muchas consultoras especializadas en el segmento Pyme. Y si bien no hay un momento ideal para contratar consultoría, no hay que dejar pasar oportunidades de mercado por no tener herramientas para aprovecharlas. "Los errores más frecuentes de las Pymes son la indefinición de la estrategia (esto hace que no haya un rumbo claro y se pierdan oportunidades), la falta de capacitación interna y la limitación de confiar sólo en sus productos o servicios", recalca Gallo. Según Sergio Postel, director de la Fundación Ariel, es un error pedir asesoramiento sólo en los momentos críticos porque, a veces, es tarde. Es recomendable contar con la asistencia técnica de un profesional para trabajar aspectos estratégicos y de planeamiento, ya que provee una mirada externa y no viciada, porque no está en el día a día. En cualquier caso, para obtener buenos resultados a mediano plazo debe haber compromiso de cada empleado y del empresario o la alta gerencia. Es fundamental la empatia entre el profesional a cargo y las personas involucradas en el proceso de consultoría. La elección En general, la elección de la consultora se hace a través de referencias de colegas. En menor proporción, el contacto se realiza en ferias y ámbitos Pyme, o por avisos de publicidad. Juan Manuel Chelala, titular del estudio contable homónimo, dice que antes de elegir a un proveedor hay que saber qué especialista se ajusta a las necesidades del negocio, interiorizarse en el trabajo que ofrecen y conocer a sus clientes. Los errores al seleccionar a un proveedor se vinculan con el afán de bajar costos, que deriva en contratar a un técnico con una especialidad muy concreta, que no puede ver el problema en conjunto. Para optimizar costos, hay que pedir varios presupuestos -al menos tresa consultoras de cierta antigüedad y buena cartera de clientes. Postel sugiere que, al contratar una consultora o a un profesional, hay que enfocarse en temas como la experiencia de quienes realizarán la asistencia y solicitar una propuesta de trabajo con objetivos a cumplir, detalle de temáticas a trabajar y sus alcances, y pedir referencias de trabajos realizados. Toda propuesta de consultoría debe comenzar con un diagnóstico, para luego fijar prioridades, observaciones y acciones a seguir. El costo de contratación debe estar en la propuesta. En general, consiste en un pago mensual, cuando los servicios de consultoría acompañan al empresario en su crecimiento y demandan una relación a mediano plazo, o el pago por hora, reunión o trabajo, modalidad usada cuando, por ejemplo, se requiere capacitación. Lo principal es que ganen tanto la empresa como la consultora (relación win-win). Cualquiera sea la forma de contratación, "es importante el retorno de la inversión. Es imprescindible mostrarle al empresario cómo y en cuánto tiempo va a recuperar cada peso invertido", dice Gallo. Constanza Mercado, responsable de Desarrollo de Negocios de Cona Consultores, aconseja navegar las páginas web de las consultoras, indagar sobre el equipo de profesionales que la integran, la experiencia, los clientes, y visitarlas o que nos visiten para saber dónde y quién tendrá la responsabilidad del proyecto. Capacidades y habilidades Julio Marchione, profesor del Master in Business Administration (MBA) de UADE Business School, indica que es conveniente recurrir a consultoras cuando el empresario necesita capacidades y habilidades que no tiene y que son claves para alcanzar un objetivo. Hay que hacer competir a las consultoras a partir de la identificación de las causas y la presentación de sus propuestas para implementar las soluciones. Así, el empresario Pyme podrá destinar recursos a los costos de la puesta en marcha de planes de acción, y no a relevar su historia y su situación actual. Probablemente, lo más recomendable para una Pyme sea acordar el pago en cuotas fijas, ligadas al cumplimiento de las etapas del plan de acción, más un monto variable, en función de los resultados. Si se recurre a las consultoras en busca de capacidades y habilidades que no se poseen, o resulta antieconómico tenerlas contratadas en forma permanente, hay que valorar esas competencias. Las consultas más frecuentes de las Pymes pasan por la forma de profesionalizar y sistematizar sus procesos y operaciones; ordenar las relaciones jerárquicas; incorporar una metodología para evaluar el impacto del crecimiento en la estructura financiera; sumar dinámicas de evaluación, promoción e incentivación del personal; organizar la logística de abastecimiento y entrega; implementar instrumentos de control de gestión y adoptar herramientas y métodos para definir la estrategia y diseñar planes de acción. Los recursos humanos Martín Sandoval, director de MS Coach, afirma que el control y gestión de contratistas es un servicio en crecimiento, y la consultoría integral en gestión humana no es tan frecuente aunque, para el consultor, debería serlo. Gloria Cassano, titular de la consultora homónima, advierte que si la Pyme "tiene más de 70 personas, puede pensar en tener responsables de Recursos Humanos, de Contaduría o Administración, de Tecnología y un estudio jurídico que la asista". Cuando las Pymes crecen, necesitan ordenar y organizar los puestos, las tareas, y fijar responsabilidades. En esos casos, se necesita una consultora en RR.HH., que suele hacer un análisis objetivo y con una visión global, que facilitará a la gerencia tomar decisiones minimizando errores. Estas consultoras también ayudan cuando se necesitan profesionales preparados para cubrir nuevos puestos o reemplazar a otros. Para no equivocarse en la elección, se debe consultar, evaluar y MARTIN BONETTO comparar, antes de decidir. Una vez elegido el consultor, es importante involucrarse y darle tiempo al proceso. A veces, los dueños o gerentes dejan los temas en manos del consultor, sin darle el tiempo ni las pautas indispensables. "Los aranceles varían según el tipo de proyecto y la cantidad de personas involucradas. Se calcula un valor por hora de trabajo: para un profesional ´sénior´, $ 700; un ´semisenior´, $ 450; y la hora de un asistente operativo ronda los $ 150. A esto hay que sumarle materiales y viajes", evalúa Cassano. Por lo general, una Pyme llega a la consultora en RR.HH. por una búsqueda, o por necesidades de capacitación. En el primer caso, se ofrece asesoramiento para definir si realmente necesita buscar una persona externa y qué espera del nuevo empleado. No suelen tener descripciones ni perfiles de puesto; por eso, también se asesora en la organización del área o sector. Cuando hay necesidad de capacitación, a veces se resuelve con programas especiales, porque se observan problemas en las relaciones interpersonales. "Organizamos reuniones de equipos, que son más eficientes que un curso. Las consultoras deben brindar verdaderas soluciones y no ´enlatados´ que no se ajustan a las características de la empresa", dice Cassano. La comunicación Daniel Colombo, presidente de Colombo Prensa-Comunicación, señala que muchos emprendedores pierden de vista el valor estratégico de la comunicación: "Así como incluyen variables contables, financieras y jurídicas en el plan de negocios, deben incluir una asignación presupuestaria para esta actividad". Los programas de comunicación y marketing no traen soluciones inmediatas: la clave está en la continuidad, y no en salidas reactivas (por ejemplo, cuando aparece la competencia). Un error frecuente es no saber especificar el objetivo de la contratación. Muchas empresas ni siquiera redactan un brief orientativo para sus posibles asesores. Es importante explicitar quién será la persona de la empresa a cargo del vínculo con los asesores, ya que debe primar un espíritu cooperativo y de excelente comunicación. En general, a los contadores y a los abogados se les cuenta todo, pero se cree que con los asesores en marketing y comunicación, "no hace falta" hacer lo mismo. Para Ariel Gurmandi, director de Buena Comunicación, esa idea constituye un error: "Al compartir la información, abierta y honestamente, entre todos -y esto incluye al equipo de asesores- se hallará la mejor forma de obtener los resultados deseados". Colombo sugiere asignar un 10% de la facturación bruta mensual a la comunicación. Los honorarios cambian según los proyectos, su duración, la complejidad, la cantidad de personal involucrado y la medición de los resultados. "Lo que más solicitan es la aparición en medios de comunicación", sostiene Martín Baraldo, de la consultora homónima. En general, se cree que la realidad pasa por los medios y, a veces, no se entiende que se debe construir la imagen corporativa en el tiempo, para luego poder apreciar los resultados. También, muchos dueños de Pymes suelen creer que aparecer en los medios de comunicación o realizar acciones virales en medios digitales, o la participación en eventos y las campañas promocionales, tendrán un retorno automático en las ventas. Pero, si bien las acciones deben poder ser cuantificadas, la construcción de la imagen es lenta y, a veces, intangible. ALFREDO MARTÍNEZ 

viernes, 21 de febrero de 2014

Un artículo que leí hoy y me interesó compartir


Australia: el país que la Argentina decidió no ser

Exportadora de materias primas, la economía australiana comparte, a primera vista, muchas semejanzas con la argentina. En una crónica desde Sidney, el periodista y economista Tomás Bulat pone en evidencia las diferencias y describe cómo el modelo de integración al mundo convirtió al lejano país de Oceanía en una potencia global.
 Australia: el país que la Argentina decidió no ser
Australia: el país que la Argentina decidió no ser
Tengo que reconocer que llegué con mucha expectativa a Australia. Un país lejano en distancia, con características tan parecidas, pero con historias tan distintas a la Argentina. Muchas veces nos comparamos y nos comparan: cómo se puede tener destinos tan distintos con comienzos tan iguales.

Primero vamos a los datos duros, para aquellos que los quieran refrescar. Australia es enorme, tiene más de 7,7 millones de kilómetros cuadrados, pero la mayor parte es absolutamente inhabitable, siendo un desierto enorme. Tiene apenas 22 millones de habitantes y un PBI per cápita de casi u$s 65.000 por año. Exporta por u$s 264.000 millones e importa por otro tanto. Su PBI total es u$s 1,4 billones, es decir, tres veces el PBI de la Argentina.

El arribo

La primera impresión es que llegás a un país desarrollado. El de Sidney es un enorme aeropuerto, con muchos aviones, incluido el Airbus 380, el más grande del mundo. Para ir al centro de la ciudad, como corresponde, se usa principalmente el tren que llega al aeropuerto. Es decir, se usa el transporte público. Hay que acordarse aquello de que "un país desarrollado no es aquel donde el pobre puede comprarse un auto, sino aquel donde el rico usa el transporte público".

Voy a comprar el ticket y viene el desmayo. Para ir al centro, cada pasaje cuesta 17 dólares australianos. Es decir 16 dólares americanos (cada uno lo pasa a pesos al tipo de cambio que quiera). Como me queda más tiempo, averiguo para comprar un pase semanal que me permite viajar ilimitado en tren, colectivos y ferrys por los siete días. Como lo compro en el aeropuerto, me cuesta 81 dólares australianos (73 americanos). La cobertura es hasta unos 60 kms de Sydney.

Obviamente, el transporte público es caro, pero miren la diferencia: usarlo una sola vez es carísimo, pero si lo necesitas usar mucho, es bastante más barato. Desciendo al tren a una estación que me dice en cuántos minutos viene, qué estaciones son las siguientes y los dos próximos trenes que vienen. Llega un tren de dos pisos, con asientos de napa, aire acondicionado, silencioso, y con espacio para valijas. Todos sentados y allá vamos: 25 minutos después, arribamos al pleno centro de Sydney.

Postales de la ciudad

Llego a donde están las fotos obligadas del turista típico, el célebre Sydney Harbour, donde está la Opera con su techo en forma de hojas. También resalta el famoso puente que cruza la bahía, una construcción de acero colgante que tiene 130 metros de altura. Fue inaugurado en 1932, mientras que la Opera comenzó a edificarse en 1957 pero recien quedó terminada en 1973. Se trata de un lugar amplio, con mucho movimiento, pero silencioso a la vez. Se destacan la cantidad de jóvenes y la diversidad cultural, ya que uno se encuentra con europeos, orientales e indios por todos lados, conviviendo naturalmente.

Al turismo, así como en los ‘80 lo hicieron los japoneses, hoy lo dominan los chinos. De a miles, con cámaras, con guías, es notable la cantidad que se encuentran en Australia. En este país se ve, y se siente, la importancia de China en el mundo.

A diferencia de otras ciudades -Buenos Aires, por ejemplo-, Sidney es una ciudad construida mirando a la bahía. Se combinan la preservación de edificios históricos con modernos muy bien ensamblados. En cuanto a los autos, todos lucen nuevos y con el volante del lado equivocado, confirmando su descendencia inglesa. Pensé, de hecho, que iba a encontrar mucha influencia británica, pero no fue más que un prejuicio. Australia tiene una historia inglesa, pero un futuro vinculado a Asia. Muchas veces, supuse que Australia pivoteaba entre Occidente y Oriente. No es así. El país tiene sus principales vínculos con Asia y esos son los que hoy mandan. Se puede afirmar que Australia ya tiene su propia identidad. No reniega de sus orígenes, pero tampoco de su futuro.

Me habían dicho que Australia era cara y tienen razón. Por estos días, hay un debate sobre el valor del dólar australiano que históricamente estaba a 75/80 centavos de dólar americano y ahora está a 0,92, lo que está trayendo problemas y discusiones en la economía local.

El poder de los commodities

Otro debate caliente, durante mi estadía, tuvo que ver con el sector automotriz, ya que Toyota decidió retirarse de la fabricación de automóviles en Australia. Anunció que, en 2017, dejará de producir en el país. Esta decisión en realidad es la última de una continuidad, ya que GM (Holden, en estos pagos) también anunció, meses atrás, que cerraba su fábrica . Y Ford lo hará en 2016. Es decir que para 2017 Australia dejará de fabricar automóviles.

Para que tengan una dimensión, el mercado automotriz en Australia el año pasado fue de 1,2 millones de autos. Pero se produjeron en total unos 180.000 autos. Con lo cual, apenas un 15% del mercado es producción local, el resto es importado. El debate político al repecto es muy intenso. Mientras que el Partido Laborista -hoy oposición- se muestra muy crítico con el Gobierno liberal por dejar cerrar esas plantas, desde el oficialismo argumentan que Australia no tenía por qué mantener una industria que ya no funciona en el país y que en otros tiempos era subsidiada por gobiernos laboralistas

Los aussies tienen salarios muy altos y un mercado muy chico para mantener de manera competitiva una industria automotriz. "No somos buenos haciendo autos, somos buenos produciendo minerales, energía, agricultura y servicios de alta calidad, no autos", sostienen a coro los australianos. Y agregan: “No hay que mantener lo que no somos buenos haciendo, tenemos que dedicarnos a hacer lo que mejor sabemos.”

Este concepto que comparte la mayoría de la sociedad australiana es difícil de asimilar para un argentino o un latinoamericano. Es culturalmente imposible que pensemos que no somos buenos haciendo algo. Que es mejor que otros lo hagan y que nosotros nos concentremos en lo que somos mejores. En ese sentido, Australia representa un choque cultural, porque ellos hacen todo lo contrario a lo que nosotros pensamos que hay que hacer. Su Secretario del Tesoro, Martin Parkinson, describió a Australia de la siguiente forma. "Somos un país grande en territorio, lejos de todos lados y con solamente 22 millones de habitantes. O nos abrimos al mundo y tenemos escala global o solo seremos chicos, solitarios y pobres", esgrimió.

Cuatro años atrás, en Gladstone, una ciudad de apenas 35.000 habitantes, cuyo puerto es uno de los principales en la exportación de carbón (se despachan unas 70 millones de toneladas de carbón por año) se descubrió gas entre el carbón. Por lo tanto, surgió la posibilidad de exportar gas licuado a Asia. El Gobierno abrió un parque industrial para promover el asentamiento de empresas a las que les interesaría instalar plantas de licuación de gas y exportarlos. En solo cuatro años, tres consorcios empresarios están construyendo plantas de gas licuado por un valor de inversión de u$s 22.000 millones cada una. Según cuentan en el lugar, el flamante parque industrial debería comenzar a exportar a fines del 2015 y ya tienen contratos firmados de compra por los próximos 20 años a potencias como China, Japón e India.

La cifras ayudan a poner en perspectiva el flujo de inversiones en la Argentina. Cuando se habla de una inversión de u$s 1.200 millones en Vaca Muerta por cinco años y uno ve que solo tres plantas en Australia representan más de u$s 60.000 millones, se toma dimensión de lo pequeño que es y discute la Argentina.

Desafíos

¿Es todo perfecto, entonces? Está claro que la respuesta es no. De hecho hay un gran debate económico en camino. Una pelea con el Fondo Monetario Internacional (FMI) presenta dos frentes: por un lado, el Gobierno tiene un déficit fiscal creciente y quiere reducirlo, pero para ello cortaría gastos que podrían enfriar la economía, algo lo que el FMI... ¡se opone!. Y por otro lado, el Gobierno quiere eliminar un impuesto al carbón y muchos aquí se quejan por el impacto ecológico que tendría la medida.

En Australia, coexisten puntos de vista diferentes respecto al medio ambiente, pero todos tienen algo muy claro: la única oportunidad que tiene el país de ser rico es abriéndose al mundo. Y esa apertura los obliga a ser cada vez más competitivos, a ser cada vez mejores.

Después de los países de Asia y de Suecia, son el mejor resultado de las prueba PISA. La educación es gratuita, pero muy exigente. Para entrar en la universidad, que las hay muy buenas, es obligatorio aprobar un duro examen al final del secundario.

Basta con prender la televisión para ver como los contenidos pasan por cómo promover la forma de hacer negocios, cómo ser cada vez más competitivos y cómo aprovechar el crecimiento de los asiáticos. Todos aquí miran fronteras afuera. Muchas de las personas con las que hablé trabajaron en China, India o Singapur. Y cada vez son más los que hablan alguna lengua asiática. Viajar por el mundo es casi una obligación. Al preguntar por América latina, dicen que, hoy, no es prioridad, pero que hay que dedicarle más tiempo. Y respecto a la Argentina, diplomáticamente dicen que “hay que hacer esfuerzos para acercarse”, pero que “para bailar el tango se necesitan dos”. Dejando entrever que hoy la Argentina no quiere bailar con nadie.

El resultado

Es un país que lleva la friolera de 22 años de crecimiento sostenido de su economía, con un promedio del 3% anual. No es un milagro, es el resultado de entender que el mundo es una oportunidad, pero que aprovecharla requiere esfuerzo y trabajo. Como bien dicen los australianos: “Nosotros no nos quedamos en describir los problemas, los enfrentamos y los solucionamos”.

Se trata de un pueblo que tiene su fuerte en los recursos naturales, principalmente mineros y energéticos. Y todos están orgullosos de eso. Son los mejores en eso. Tienen las mejores empresas y las quieren ver crecer por el mundo. Saben de su potencial y conocen sus debilidades. Pero, también, entienden que mejorar la calidad de vida de todos requiere sacrificio.
Venir a conocer Australia es impactante, pero deja un poco el sabor amargo de ver lo que la Argentina hace muchos años decidió no ser. n 3D Fuente: cronista.com